La cara menos conocida del trastorno bipolar: la eutimia

 

 

 

Bipolaridad Tipo I

 

La característica principal del “tipo I” es la manía. La manía es un estado en el que la persona se siente llena de energía, con la convicción de que puede hacerlo todo, sin límites. Habla rápido, duerme poco, gasta de manera impulsiva, y en ocasiones puede llegar a tener delirios, como creerse un mesías o alguien con poderes especiales.

 

Un ejemplo claro es don Rogelio, agricultor de Baní. Un día salió descalzo y con una bata blanca por las calles de su pueblo, convencido de que era el nuevo Mesías. Había vendido sus tierras para invertir en criptomonedas y comprado motores porque aseguraba que iba a abrir “el negocio del año”. Incluso llegó a intentar lanzarse desde un acantilado porque decía que podía respirar bajo el agua. Fue su familia quien tuvo que llevarlo al hospital para estabilizarlo.

 

En el tipo I también pueden aparecer episodios depresivos que pueden presentarse en un período de días o semanas. Pero lo importante es que, para diagnosticar la bipolaridad tipo I, basta con la presencia clínica de un episodio maníaco, aunque no aparezcan episodios depresivos.

 

Bipolaridad Tipo II

 

A diferencia del tipo I, en la bipolaridad tipo II aparece la hipomanía, siendo esta más leve que la manía. La persona sigue teniendo más energía de lo normal, habla más, es más sociable y puede gastar dinero impulsivamente, pero sin llegar al nivel de riesgo grave ni a los delirios de la manía.

 

Así le ocurrió a María, una joven empleada de banco en Azua, caracterizada como introvertida y reservada, que tiempo después comenzó a presentarse de forma más extrovertida. De repente llevó un pastel al trabajo para compartir, habló con todos sobre un negocio que quería montar y empezó a viajar los fines de semana como si quisiera recuperar el tiempo perdido. Sacó préstamos y gastó sus ahorros para costear esos planes. Sus compañeros notaban que estaba distinta, pero no la veían fuera de la realidad ni poniendo en riesgo su vida.

 

La diferencia es que, después de ese entusiasmo, María pasó semanas sin levantarse de la cama. No quería salir, no tenía energía para nada, se sentía incompleta y atrapada en una tristeza que no la dejaba avanzar. Estos son los síntomas de la depresión mayor, y en el bipolar tipo II siempre está presente junto con la hipomanía.

 

En resumen

 

  • Tipo I (Rogelio): se diagnostica por la presencia clínica de la manía. La depresión puede o no aparecer.
  • Tipo II (María): la depresión mayor es obligatoria, junto con episodios de hipomanía.

 

Entonces, ¿qué es la eutimia?

 

La eutimia es el estado en el que una persona con diagnóstico bipolar logra mantener la estabilidad emocional. Ya no se encuentra en manía, hipomanía ni depresión, sino en un punto de equilibrio donde puede retomar su vida cotidiana.

 

Pensemos otra vez en Rogelio y en María: después de pasar por episodios intensos y recibir el tratamiento adecuado, Rogelio puede volver a su finca y María puede regresar a su trabajo y estudios. Ese estado de normalidad, alcanzado gracias al cuidado constante de su salud mental, es lo que llamamos eutimia.

 

Cerrando la idea

En nuestra cultura, las etiquetas diagnósticas se usan con mucha facilidad: “fulano es bipolar”. A veces es más sencillo colocar un diagnóstico como adjetivo que detenernos a preguntar qué le pasa realmente a la persona. Pero si buscamos ser más empáticos y justos, deberíamos aprender a usar los términos con más responsabilidad.

 

Así, cuando tu madre discute con todos en casa y luego pregunta qué quieren cenar, quizás no sea correcto llamarla “bipolar”. Pero si la ves tranquila, haciendo sus quehaceres, puedes aprender a decir: “mami está eutímica”.

 

Más allá de una etiqueta, lo importante es recordar que la salud mental merece comprensión, respeto y dignidad.

 

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